El Premio Pritzker es el galardón más importante en el campo de la arquitectura y es otorgado a un arquitecto o arquitectos vivo cuya obra construida “ha producido consistentes y significativas contribuciones a la humanidad a través del arte de la arquitectura”. Hasta la fecha el Premio Pritzker acumula 39 ediciones ininterrumpidas.

En el año 2011, recibe el Premio Pritzket Eduardo Souto de Moura. El arquitecto portugués, abrió su propio estudio en 1980, iniciando una destacada trayectoria que cuenta a día de hoy con más de 60 proyectos, la mayor parte de ellos en Portugal, pero también en España, Alemania, Italia, Reino Unido y Suiza.

Su estudio ha participado en los programas MArch desde su segunda edición hasta el momento.

El discurso de aceptación y agradecimiento de Eduardo Souto de Moura a este premio Pritzker fue el siguiente:

“Señor presidente de los Estados Unidos, familia Pritzker, ilustre presidente del jurado, distinguidos miembros del jurado, amigos, señoras y caballeros:

Hasta que no recibí la invitación que decía: Eduardo Souto de Moura de Portugal, no fui consciente de que había ganado el premio Pritzker de 2011. No voy a negar que me hacía mucha ilusión, no solo por mí mismo, sino por mi familia, mis colaboradores, amigos y clientes. En nombre de todos ellos, mis más sinceras gracias.

Aprendí a dibujar en la Escola Italiana de Oporto, la ciudad que me vio nacer, y en secundaria decidí que quería ser arquitecto. No es que sintiera una llamada especial por la arquitectura, pero durante mi crisis espiritual de la adolescencia empecé a preguntarme si Dios había hecho bien al descansar el séptimo día. Pensando un poco, Él debió darse cuenta de que todavía faltaba un lugar como Delfos, la Acrópolis aún no tenía su Partenón, y aún quedaba por desecar una ciénaga de Illinois para que la casa Farnsworth pudiera colocarse adecuadamente.

En 1975, después de la Revolución de los Claveles, empecé a trabajar con el arquitecto Siza Vieira. Fue una experiencia excepcional, no solo por su dominio de la arquitectura, sino por la gran persona que es. A día de hoy, todavía disfruto con colaboración. Dejé su estudio en los ochenta para seguir mi propio camino como arquitecto. Los comienzos no fueron fáciles; emplear el lenguaje» de Siza me parecía una traición y, modestia aparte, aunque hubiera querido tampoco habría sido capaz.

Tras la revolución y la restauración de la democracia, se multiplicaron las oportunidades de rediseñar un país que necesitaba escuelas, hospitales, otros equipamientos y, sobre todo, medio millón de viviendas. Claramente, el posmodernismo, tan de moda en ese momento, no era la respuesta a nuestros problemas. Construir medio millón de viviendas mediante columnas y frontones hubiera sido un derroche de esfuerzo, y además, ya se había intentado en los tiempos de la dictadura. El posmodernismo llegó a Portugal sin que apenas hubiéramos vivido un movimiento moderno, y ahí descansa la ironía de nuestro destino: habíamos llegado antes de hacer el viaje hasta allí.

Lo que necesitábamos para reconstruir nuestro nuestra cultura era lenguaje claro, sencillo y pragmático, y nada mejor que el “proscrito” movimiento moderno para ayudarnos a dar ese paso. No se trataba únicamente de un problema ideológico, era más bien una cuestión de coherencia entre el material, la construcción y el lenguaje. Cuando Mies van der Rohe decía que “la arquitectura es la voluntad de una época traducida al espacio”, nos estaba marcando el camino para redefinir una disciplina que, hasta ese momento, había sido el objeto de debate de la lingüística, la sociología y otras ciencias afines. Lo fundamental era que la arquitectura es “construcción” y eso era lo que con urgencia nos pedía el país.

Con diez siglos de historia, Portugal se enfrenta hoy a una gran crisis económica y social, similar a las que ya ha sufrido en otros momentos. Hoy, como ayer, los arquitectos portugueses se ven obligados a emigrar si quieren construir. Como dijo Paul Claudel: “Portugal es un país que siempre está de viaje, de vez en cuando pone un pie en Europa”, Los arquitectos tenemos que cambiar. Y en esta palabra también encontramos la raíz griega de crisis. Debemos descifrar e intentar comprender el significado de los dos caracteres chinos que conforman la palabra crisis: el primero indica peligro y el segundo, oportunidad. Sin duda, en África y otras economías emergentes habrá multitud de oportunidades para los arquitectos que dirijan la mirada hacia allí. Es donde nos aguarda el futuro. “Aceptar el cambio, la transformación y la metamorfosis es construir nuestro propio destino».

Gracias