Venecia es una de esas ciudades que hay que visitar por lo menos una vez en la vida, en mi caso era la segunda vez que pisaba sus calles. Es una ciudad en la que cada rincón, calle o canal tiene una historia y una belleza que te atrapa.

En este viaje visitamos principalmente la Bienal de Arquitectura 2018 y tengo que reconocer que me sorprendió y me cautivo toda esa arquitectura junta y cada una tan diferente bajo un mismo lema, siendo este “Free Space”. Personalmente creo que ha sido una gran oportunidad de aprender y disfrutar viendo cómo cada país muestra su forma de entender la arquitectura y su futuro e intenta expresarlo en un mismo espacio.

 

Tomándome una licencia tengo que destacar el pabellón nórdico de Sverre Fehn tanto como pabellón como exposición y la exposición de Indonesia, Filipinas o Argentina.

 

Hace unos años la organización de la Bienal decidió no demoler el pabellón de Álvaro Siza y gracias a eso pudimos contemplar esa gran escultura que juega con la geometría, las luces y sombras para dar vida y la sensación de intimidad a esta pieza.

 

Además de la Bienal de Arquitectura fuimos a visitar las Capillas Vaticanas, una selección de arquitectos que en un mismo espacio al exterior crearon diferentes capillas, las cuales con sus distintos diseños y materialización te transmitían la búsqueda de un lugar tranquilo y pacífico.

Mientras recorríamos los lugares más importantes de Venecia como la Plaza de San Marcos, Fundación Querini Stampalia, el puente Rialto, el Gran Canal… pudimos disfrutar de la gastronomía y del día a día de la ciudad aprovechando todas las horas.

 

Después de visitar la Bienal, recorrer las calles y canales de Venecia, degustar la gastronomía, tengo que destacar que sin la compañía, este viaje no habría sido lo mismo. Gracias MArch.