Casa Gilardi de Luis Barragán
FECHA
13.01.2026
La Casa Gilardi es una de esas obras que, incluso antes de visitarla, ya generan una gran expectativa.
Todos hemos visto alguna vez sus llamativos colores o la famosa piscina interior, pero lo cierto es que nada se compara con la experiencia de visitarla. Diseñada por el premio pritzker mexicano Luis Barragán en los años 70, esta vivienda fue su último proyecto residencial, y se nota que volcó en ella una síntesis muy depurada de todo lo que entendía por arquitectura: luz, silencio, proporción y una relación casi espiritual con el espacio.
Desde el acceso, la casa te va guiando con una secuencia muy medida. Cada muro y cada giro parece colocado para preparar lo que vendrá después. No hay elementos superfluos, y aun así, todo tiene un impacto muy potente. Barragán trabajaba el color con una maestría que prácticamente nadie ha vuelto a igualar. En la Casa Gilardi, el rosa, el amarillo o el blanco no son tonos aplicados, sino auténticas herramientas para dirigir la mirada, intensificar la luz o definir la atmósfera de cada estancia.
El comedor con la piscina es, sin duda, el punto culminante del recorrido. Ese plano de agua en el interior de una vivienda podría parecer extravagante, pero aquí resulta completamente natural. El reflejo del muro amarillo, la luz cenital y la serenidad del agua conforman una escena que es casi escultórica. Es uno de esos espacios que se quedan grabados porque demuestran que la arquitectura también puede emocionar sin recurrir a grandes artificios: basta con combinar bien luz, geometría y silencio.
Otro capítulo fundamental de la casa es su relación con el jacarandá del patio. El cliente insistió en conservarlo, y Barragán no solo lo aceptó, sino que lo convirtió en el protagonista. El árbol condiciona la organización del proyecto, introduce sombra, textura y temporalidad, y recuerda que para Barragán la naturaleza siempre era un elemento activo dentro de la arquitectura. Este gesto resume bien su forma de trabajar: respetar lo que existe y dialogar con ello en lugar de imponer una solución rígida.
Casa Gilardi es ese tipo de proyecto que sigue inspirando décadas después porque demuestra que la arquitectura no necesita ser monumental para ser memorable. Su grandeza está en su sensibilidad, en su manera de construir atmósferas que invitan a detenerse y observar. Es una obra que te enseña, casi sin darte cuenta, que la luz puede ser un material, que el color puede estructurar un espacio y que una casa puede convertirse en una experiencia que trasciende lo cotidiano.
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