Arquitectura junto al mar
FECHA
03.08.2026
La arquitectura litoral establece un diálogo continuo con el paisaje marítimo, donde materiales, formas y luz se transforman para enmarcar la inmensidad del horizonte. A través de distintos lenguajes y épocas, diversas obras demuestran cómo la edificación puede integrarse o destacar frente a la fuerza del mar.
En Calpe, La Muralla Roja de Ricardo Bofill reinterpreta la tradición tipológica del casbah norteafricano a través de una geometría laberíntica y una atrevida paleta cromática en tonos rojos, azules y violetas, generando un potente contraste plástico con el azul del Mediterráneo, convirtiéndose en uno de los proyectos más icónicos ejecutados frente al mar.
En la costa gaditana de Zahara de los Atunes, la Casa del Infinito de Alberto Campo Baeza se concibe como una imponente plataforma horizontal de piedra marea que emerge desde la tierra frente al océano Atlántico, creando un plano donde el límite entre la obra humana y la línea del mar se diluye por completo.
En la misma localización de Zahara de los Atunes, la Casa en el Aire de Fran Silvestre Arquitectos aboga por la ligereza y el dinamismo mediante un plano blanco suspendido que parece flotar sobre la pendiente topográfica, permitiendo que la vivienda domine las vistas panorámicas del agua sin perturbar el paisaje circundante.
Ubicada sobre un acantilado de la isla de Mallorca, la residencia Can Lis de Jørn Utzon se fragmenta en pequeños pabellones construidos con piedra marés autóctona, cuyas aberturas estratégicamente orientadas capturan la brisa y transforman el mar Mediterráneo en cuadros vivos desde el interior.
En el extremo atlántico gallego, el Cementerio Municipal de Fisterra de César Portela dispone una serie de cubos exentos de hormigón desnudo a lo largo de la ladera rocosa, donde la sobriedad formal deja que el sonido de las olas y el horizonte infinito se conviertan en los verdaderos elementos de recogimiento espiritual.
En la Costa Brava, la Casa en L’Escala de Carlos Ferrater rinde homenaje a la escala rural y tradición de los pueblos marineros mediterráneos mediante el empleo de cerámica, madera y volúmenes blancos, organizando la vivienda a través de una ampliación sobre un volumen preexistente, heredado de sus padres, construyendo un gran hueco abierto hacia el mar que funciona como ventanal a la vez que genera un patio abierto hacia el paisaje.
Finalmente, la Casa Colien, diseñada por Álvaro Siza Vieira junto al estudio Aresta a+u, se adapta al terreno escarpado del litoral mediterráneo dividiendo su programa en volúmenes limpios de hormigón visto que utiliza un color rosado para facilita su integración en el paisaje y que se escalonan en la pendiente, enmarcando el paisaje marino mediante un sutil y magistral control de la luz natural.
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