Cómo elegir la imagen que representa un proyecto
FECHA
26.08.2026
Encontrar la toma definitiva exige sintetizar la arquitectura en una imagen honesta, precisa y con identidad propia. Y alcanzar así el arte de plasmar la identidad de una obra en una sola toma.
Hay imágenes capaces de plasmar los principios teóricos en los que se basa la arquitectura, tal como revelan los icónicos encuadres de la Villa Savoye o Notre Dame du Haut de Le Corbusier.
Otras consiguen fijar un carácter tan singular que convierten la obra en un icono universal, al estilo de la pirámide de cristal del Louvre, el Taj Mahal o la Ópera de Sídney.
Y existen aquellas que descubren el ángulo preciso para dotar al proyecto de una identidad inconfundible, como ocurre con la Casa en el Acantilado en Alicante.
A la hora de elegir la toma definitiva, no existen patrones fijos ni pasos infalibles. Se trata de escoger el encuadre que explique con claridad su funcionamiento y razón de ser —como logran las fotografías axiales del edificio Bauhaus en Dessau o las tomas interiores del Guggenheim de Nueva York—, permitiendo descifrar el valor espacial incluso a ojos no expertos.
Ni la luz impecable ni la perspectiva más espectacular compensan la falta de honestidad al retratar un espacio. Solo las imágenes más sinceras marcan un hito en el reconocimiento de una obra, como demuestran los retratos que capturan la desnudez material en la Iglesia de la Luz de Tadao Ando o la crudeza formal del Museo Judío de Berlín.
Hay fotografías que simplemente conmueven y apelan a nuestra sensibilidad. Por ello, un buen punto de partida es dejarse guiar por las sensaciones que evoca la toma: la imagen perfecta no solo documenta, sino que despierta una conexión genuina y traduce la arquitectura en emoción visual.
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