Refugio para ruinas romanas, de Peter Zumthor

FECHA

08.09.2026


Entre 1985 y 1986, Peter Zumthor completó uno de sus primeros proyectos: una estructura para resguardar un yacimiento arqueológico romano en Chur (Grisones, Suiza).

La obra está catalogada como bien cultural de importancia nacional y ha recibido premios y elogios desde su construcción.

Los restos hallados consistían principalmente en las huellas excavadas de dos edificios romanos y la esquina de un tercero. Estas evidencias se componían de cimientos, vestigios de pavimentos, madera carbonizada y fragmentos de yeso pintado, lo que condicionó por completo la intervención. El reto planteado a Zumthor no consistía en albergar un edificio íntegro, sino en dotar de legibilidad espacial al registro parcial de las ruinas, logrando así traducir huellas arqueológicas en volúmenes arquitectónicos contemporáneos.

La solución propuesta fue una estructura ligera que funciona a la vez como cubierta protectora y museo. Se trata de una construcción de madera con cubierta metálica y muros de lamas abiertas que permiten la ventilación constante y la entrada tamizada de luz natural. La estructura replica la planta irregular de las ruinas que protege y, mediante una serie de pasarelas, permite contemplar las excavaciones sin dañarlas. El proyecto, por lo tanto, convierte la circulación en un instrumento de conservación para regular la proximidad, la atención y el impacto físico de las visitas.

Estos recorridos elevados permiten visualizar las huellas de la antigua vida doméstica e imaginar el funcionamiento original de cada uno de los edificios. El espacio ofrece una atmósfera idónea para apreciar la materialidad, rasgo característico de la obra del arquitecto suizo. De este modo, en una serena penumbra, la atención del visitante se concentra en la piedra, la tierra y el sonido de los propios pasos.

El proyecto aúna conservación, exhibición y presencia urbana, y evita levantar recreaciones ficticias que pretendan imitar lo que un día hubo en el lugar. La mirada transita entre la calidez de la madera, las superficies negras, la piedra expuesta, la grava, el acero y la geometría contenida de la cubierta, configurando un ambiente marcado por la contención más que por el artificio.

En esta obra subyace una clara voluntad de intervención mínima, donde la construcción del edificio resulta inseparable de su función curatorial: estructura, atmósfera y conservación operan como un único sistema arquitectónico. El propio arquitecto lo sintetizaba así:

«La arquitectura está expuesta a la vida. Si su cuerpo es suficientemente sensible, puede asumir una cualidad que dé testimonio de la vida pasada».

— Peter Zumthor


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